Carta de Manuel Valls
#1. Por una ciudad segura

Estimados ciudadanos:

La inseguridad se ha disparado en los últimos años en Barcelona hasta convertirse en uno de nuestros problemas más serios. En la ciudad se habrán cometido 200.000 delitos antes de acabar el año. La inseguridad es la primera preocupación de muchos barceloneses. Una preocupación que yo comparto.

No quiero alarmar a nadie sino que tengo la firme voluntad de solucionar los problemas reales de la gente. Porque los delitos aumentan y son cada vez más violentos. Los okupas gozan de privilegios que no tienen los ciudadanos que respetan las normas. El top manta campa a sus anchas por la ciudad mientras los comerciantes tienen que cumplir incontables normas. Los narcopisos siembran de miedo y miseria algunos vecindarios. El tráfico de drogas se extiende. Las conductas incívicas degradan el espacio público. Sucesos recientes señalan que utilizar los transportes públicos, especialmente el metro, puede resultar peligroso. El desorden llama al desorden. Pero la alcaldesa, Ada Colau, ha sido incapaz de controlar la situación.

La inseguridad afecta a toda la ciudad. Sin embargo, hay algunos barrios más castigados que otros. Quiero mencionarlos uno a uno, empezando por el Raval, la Barceloneta, Sant Pere y el Gòtic; el Carmel, Can Baró, Montbau y la Clota; Canyelles, Roquetes y Trinitat Nova, Torre Baró, Ciutat Meridiana y Vallbona; La Sagrera, Trinitat Vella, Baró de Viver, Congrés y Bon Pastor; las Marinas, el Poble-sec, Sants y Sants-Badal; el Besòs y el Maresme, la Verneda y la Pau.

La inseguridad afecta a toda la ciudadanía, aunque también de forma desigual. Y quienes más la sufren son las mujeres: dos de cada diez barcelonesas se han sentido víctimas de delitos contra su seguridad personal. También padecen especialmente sus efectos los más jóvenes y la gente mayor.

Es básico para la salud democrática que los ciudadanos conozcamos las causas de la creciente inseguridad. Las prioridades equivocadas de los responsables políticos de los cuerpos policiales. La tolerancia, que provoca un efecto llamada de actividades ilegales. La insuficiente inversión en recursos humanos y técnicos. Y, sobre todo, la falta de apoyo de la alcaldesa a la Guardia Urbana.

Hay que terminar con esta situación cuanto antes. Por el bien de los ciudadanos, por la imagen de Barcelona y por la marcha de su economía.

Yo tengo la experiencia necesaria y estoy decidido a hacerlo. Si soy elegido alcalde lideraré la estrategia de seguridad de Barcelona. Daré a la Guardia Urbana la confianza que merece. Aumentaré sus recursos e incorporaré entre 1.000 y 1.500 agentes en cuatro años. La cooperación entre policías será absoluta, no admitiré excusas. No menospreciaré el riesgo terrorista. Y pondré en marcha una nueva política de seguridad integral y de proximidad que incluya el trabajo con la sociedad civil, la mejor gestión de las políticas sociales, el cuidado del espacio público y la promoción sin complejos del civismo.

Acabaremos con la inseguridad. Vamos a cambiar Barcelona. Estoy seguro.

Manuel Valls
Candidato a la Alcaldía de Barcelona
Barcelona, 4 de diciembre de 2018